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Se aprueba el catalán en Aragón y se consuma la traición PDF Imprimir E-Mail
jueves, 18 de febrero de 2010

El pasado 17 de diciembre, cuando la mayoría de los ciudadanos aragoneses estábamos preparando las fiestas navideñas, probablemente con el fin de evitar una agria reacción de la ciudadanía, se aprobó por mayoría simple en las Cortes de Aragón una Ley que considera al catalán como lengua «propia e histórica» de Aragón. Nuestros diputados diluyendo toda su responsabilidad personal en su propio grupo (PSOE y CHA), interpretaron a su antojo y consideraron que una de las lenguas que se debían proteger en Aragón era el catalán, en vez de todas nuestras modalidades lingüísticas aragonesas en peligro de desaparición y que forman parte de nuestra identidad cultural.

 La historia y los electores tendrán que juzgar a sus señorías, los señores y señoras diputados, los únicos responsables a título individual de una de las mayores traiciones que pudiera recibir Aragón, por haber aprobado finalmente una Ley de Lenguas como la actual en contra de la mayoría de los aragoneses. La afrenta hacia Aragón sólo puede ser entendida desde la ignorancia más absoluta, o desde la entrega propia de un traidor. Los problemas de la aprobación de la Ley no se han hecho esperar. Recientemente en algunos pueblos de nuestro Aragón oriental han aparecido numerosas pintadas nacionalistas reivindicativas de la lengua catalana firmadas por las juventudes de Ezquerra Repúblicana de Cataluña (ERC), donde se relaciona la lengua catalana con su proyecto secesionista de los «países catalanes». Ese sentimiento profundo del nacionalismo catalán que brota de la exaltación de las diferencias culturales, el idioma, y el odio a lo español.

 

La estrategia del nacionalismo separatista catalán consiste en unificar el catalán, porque ellos consideran que las fronteras de su «nación catalana» solo serán estables y se consolidarán, si prevalece una única unidad lingüística. Los nacionalistas catalanes entienden que la lengua es la esencia misma de su nacionalidad, por eso se empeñan en resaltar su identidad y su lengua, y por eso están contentos con que se haya aprobado el catalán en Aragón, pues esta Ley se lo pone más fácil a los grupos de nacionalistas radicales, al avalar su tesis sobre su manera de interpretar la historia, en clara referencia a la corona «Catalano-aragonesa» que ellos utilizan sin el más mínimo pudor.

 

La nación catalana para los nacionalistas catalanes no se circunscribe únicamente a la Cataluña estricta, está formada por el Rosellón Francés al que llaman la Cataluña del norte, el Principado de Cataluña con la Franja de Poniente (Aragón Oriental), Valencia, las Islas Baleares, así como las Pitusas del Estado español, y Andorra. Para el nacionalismo catalán su nación sólo perdurará si consigue su unidad e identidad cultural, reforzando su idioma, sus costumbres y sus leyes. De aquí el interés del nacionalismo catalanista por quebrar la unidad lingüística y devastar la cultura aragonesa del Aragón Oriental, todo con el fin de incorporar en un futuro parte de nuestro territorio aragonés que va desde la Ribagorza hasta el Matarraña a sus «países catalanes». El conflicto sobre arte sacro que permanece retenido en el Museo de Lérida, y del resto del patrimonio artístico aragonés, así como el archivo de la Corona, por ejemplo, sólo se entiende como parte de un conflicto geopolítico cuyos orígenes son las reivindicaciones territoriales del nacionalismo catalán.

 

En lo que respecta a la lengua catalana. El querer equiparar hoy lo que es el catalán normalizado por el ingeniero catalán,  Pompeu Fabra i Poch, a principios del siglo XX, quien consideró básicamente el dialecto Barceloní para elaborar la gramática de la lengua catalana, con todas aquellas modalidades lingüísticas aragonesas que forman parte de nuestra riqueza cultural que se han ido transmitiendo  de padres a hijos desde la edad media hasta nuestros días, y que lamentablemente se perderán para siempre debido a la normalización que esta Ley de Lenguas impondrá, constituye un verdadero latrocinio de la cultura aragonesa. Pero la pérdida de nuestro acervo cultural aragonés no es lo único a lo que nos tendremos enfrentar los aragoneses en el futuro. Ejemplos los tenemos y muy próximos, tanto en la Comunidad Valenciana como en la Comunidad Balear donde el nacionalismo catalán está generando verdaderos problemas de convivencia al querer imponer sus tesis separatistas a la población del lugar. El primer paso para allanar el camino al imperialismo catalanista lo han dado nuestros propios diputados del PSOE y la CHA y consiste en suplantar nuestras modalidades lingüísticas, le seguirá el envite nacionalista para suplantar la cultura y posteriormente la historia de Aragón, no lo duden. Se multiplicarán aún más todo tipo de actividades para favorecer la expansión del catalán y aplastar definitivamente nuestra identidad aragonesa, empezando en el Aragón Oriental y, una vez rota la barrera de nuestra autoestima, penetrando en el resto del territorio aragonés. ERC ya ha empezado a financiar actividades pro-catalanistas en Aragón a favor del catalán, como parte de su estrategia para controlar los territorios de sus llamados «países catalanes» o más, si les dejamos. El departamento de Vicepresidencia de la Generalidad, dirigido por Josep-Lluís Carod-Rovira, ha destinado para la promoción del catalán a la Institució Cultural de la Franja de Ponent 20.000 euros, y a la Associació Cultural del Matarranya otros 5.000 euros, pero esto sólo es el comienzo.

 

Y siendo así, naturalmente sus señorías que han votado esta Ley y que avalan que la lengua catalana sea una lengua histórica de nuestra Comunidad, como si en Aragón se hubiera hablado desde la edad media el catalán normalizado de principios del siglo XX, pasarán a la historia como los verdaderos culpables de usurpar nuestra identidad y suplantar nuestra cultura por la catalana, y todo por el puro empecinamiento de nuestro presidente D. Marcelino Iglesias, considerado a sí mismo como catalana-parlante, y por anhelos nacionalistas y pro-catalanistas de Chunta, aliada de Ezquerra Republicana de Cataluña en las elecciones europeas. Hay políticos aragoneses que aún estando en su fuero interno en contra de la aprobación de la Ley, con tal de apoltronarse en el sillón, han votado a favor. Parece que les importa poco lo que pensamos la mayoría de los aragoneses, y que les da igual generar crispación y enfrentamiento, o romper la tranquilidad y cordura que ha imperado siempre entre los aragoneses en este asunto,  importándoles aún menos trasladar el problema a las zonas más afectadas, las limítrofes con Cataluña, quienes van a  sentir aún más la presión nacionalista.

 

Los complicaciones que generará esta Ley de Lenguas empezarán a mostrarse en nuestras propias Instituciones, porque prevé que los ciudadanos se puedan dirigir a las mismas en catalán, porque garantiza que el catalán pueda extenderse por todo el territorio aragonés y, porque abre las puertas a las pretensiones del nacionalismo secesionista catalán más radical, aquel que utiliza el idioma catalán como punta de lanza para conseguir sus fines expansionistas y alcanzar el sueño secesionista de los «países catalanes». Además, sin olvidarnos del coste que va a suponer para nuestras cuentas públicas el llevar a la práctica una Ley que tendremos que pagar entre todos los aragoneses.

 

En las zonas de nuestro Aragón oriental, donde ya sufren esa presión del nacionalismo catalán, sus propios habitantes mayoritariamente afirman que no identifican su lengua local con la lengua catalana y así se puede demostrar si examinamos los datos del Instituto Nacional de Estadística de 2004, o el Estudio Sociolingüistico elaborado por la Universidad de Zaragoza en 1995, donde sólo un 10% de la población de la zona definió a su lengua como catalán. Esto significa, que sólo 1.256 personas del total de la población aragonesa (aproximadamente 1.326.918 habitantes) consideran que lo que hablan es catalán, lo que en porcentaje supone menos del 0,01% de la población aragonesa. Por este motivo, no se entiende porqué «sus señorías» consideren igualmente que el catalán sea una lengua propia, pues por el mismo criterio tendrían que incluir el rumano que lo hablan algo más del 9% de la población, o el chino, que lo hablan más de un 3% de la población, o el árabe y otros idiomas que se hablan también en Aragón. Y si el catalán como lo he intentado explicar no es una lengua ni histórica ni propia de Aragón, entonces ¿qué pinta en Aragón una Ley de semejante desatino?

 

Gunther Zevallos

Secretario Gral del pCUA

www.guntherzevallos.es

Modificado el ( jueves, 18 de febrero de 2010 )
 
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