La acusación a María San Gil de no ser una persona equilibrada por parte del entorno del actual presidente del PP recuerda al habitual recurso de las purgas de Stalin con sus enemigos políticos. No los envíaba a la cárcel, sino a "psiquiátricos" de los que nunca saldrían para certificar públicamente que quien se opone al régimen ha de estar forzosamente loco. Estábamos acostumbrados a que la izquierda utilizara esta descalificación (vease el PSOE con Gotzone Mora), pero nos llega al alma que ese sector del PP ultraminoritario, como se comprobaría rápidamente en cuanto surgiera cualquier otra alternativa, utilice las mismas "armas" que los intolerantes herederos de Stalin.