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El 11-M PDF Imprimir E-Mail
viernes, 02 de noviembre de 2007

Por Fernando Sancho
Tras la sentencia del 11M, han sido muchas las voces que han recordado que las investigaciones periodísticas tardaron muchos años en el pasado hasta lograr que se correspondieran con verdades judiciales. Se ha puesto como ejemplo el caso del GAL, que empezó a investigarse a mediados de los ochenta en Diario 16 y culminó judicialmente prácticamente a finales de los noventa tras haber retomado las investigaciones el diario El Mundo. Sin embargo, para que se lograse culminar judicialmente el caso GAL tuvieron que producirse una serie de circunstancias extraordinarias que, en caso contrario, habrían conducido, casi con total seguridad, a que el GAL hubiera tenido un callejón sin salida en su encauzamiento judicial y hoy Rubalcaba nos contaría que el GAL fue una lamentable iniciativa debida seguramente a empresarios vinculados a la derecha cavernaria.

Tuve la oportunidad de vivir en primera persona un episodio clave en el devenir de los acontecimientos de aquellos años. Tras fundar, junto con otros promotores, Diario 16 de Aragón en los primeros meses de 1989, Pedro J. Ramírez visitó Zaragoza para alentarnos sobre las posibilidades de aquel periódico, entonces segundo diario nacional, aunque con eternos problemas financieros. Ya se vislumbraba cierto estado de tensión que,no acerté a explicar, pero que se traduciría más adelante en el ceso inmediato del Pedro J. a cargo de Juan Tomás de Salas. Las investigaciones sobre el GAL debían terminar.Y hubieran terminado en aquel momento sin duda... De no ser porque Pedro J. gozaba de un empuje extraordinario y fuera de lo común que le llevó a no cejar para promover el periódico El Mundo. Juan Tomás de Salas nos explicó a diversos periodistas del medio en ese momento que con Pedro J. no había manera, que se pasaba ocho pueblos y que sólo entendía un lenguaje: "El de la zanahoria y el palo". Pocos creyeron entonces que el director cesado pudiera consolidar el proyecto de El Mundo como medio con influencia. Yo sí lo creí y existen numerosos testigos de ese convencimiento. Junto a esta circunstancia se produciría otro no menos decisiva: La presencia de un juez con afán de venganza. Esto es una valoración política, no se malinterprete, pero, al final, fue un hecho absolutamente decisivo en que el caso GAL pasase de ser un tema de denuncia periodística a un asunto con condenas firmes. Aún así, quedó la incógnita de la X, si bien a nadie se le escapa en este país quien está detrás de esa letra.

No nos engañemos, en España no hay jueces héroes dispuestos a enfrentarse a un imperio decidido a tomar cualquier medida para mantener su status. El GAL fue la excepción, sólo por la circunstancia referida anteriormente. Sin la presencia de un juez decididamente vengativo, nunca se habría llegado a una sentencia que corroborara las investigaciones periodísticas. Esto es España, un país diferente a todos. Personalmente, la versión oficial del 11-M supone un atentado a MI inteligencia. Que nadie se sienta ofendido, no tiene por qué ser mejor o peor que la de los demás, pero, insisto, a MI inteligencia le supone un insulto supino dar como buenos aspectos básicos del supuesto atentado islamista. Por ejemplo, el hecho de que no se inmolaran en los trenes, como jihadistas que se precien. El hecho de que ninguna cámara obtuviera una sólo imagen de uno sólo de ellos en algún momento dado. El hecho de que después de horas de cerco al piso de Leganés con salidas continuas a las ventanas de los presuntos suicidas, tampoco hallamos podido ver una sóla imagen de uno sólo de ellos. Todo ello sin mencionar las pruebas falsas, el periplo surrealista de una mochila que ni siquiera podía estallar por un montaje que los expertos calificaron en el juicio de "chapucero". También la inviabilidad como pruebas de la furgoneta Kangoo y del Skoda Fabia, aspecto que si recoge la sentencia. Y tantas y tantas cosas más que resultan imposibles de asimilar racionalmente sin que MI inteligencia se sienta gravemente insultada. La sentencia ha permitido, al menos, aclarar que no ha sido Al Qaeda, ahora bien, deja una enorme puerta abierta a muchas cuestiones esenciales. Que un confidente policial esquizofrénico y unos pocos musulmanes de orden menor, conocidos por sus actividades como delincuentes comunes y traficantes de droga se hayan comido todo el "marrón" puede suponer una solución al callejón sin salida en el que se había convertido el 11-M y dar ciertos argumentos de poco peso a demagogos y manipuladores de mentes simplonas. Pero hay que ser verdaderamente simple para estar abolutamente convencido de que detrás de un atentado tan extraordinariamente planificado estaban éstos fulanos sin nadie más moviendo los hilos.

 
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