Por Fernando Sancho En Zaragoza, ciudad que se ubica a tan solo doscientos metros sobre el nivel del mar, ha nevado en los últimos diez años muchos más que en los treinta anteriores: En contra, en fuentes de Protección Civil, confirmamos nevadas en la capital aragonesa: 1997: a mediados de diciembre. 1998: a finales de enero. 1999: a primeros de febrero. 1999: a primeros de enero.2001: en diciembre. 2003: finales de enero. 2003: finales de febrero. 2004: finales de marzo. 2004: finales de enero 2005: finales de enero. Todo ello seguramente producto del calentamiento global que dirían los iluminados intolerantes. También debe ser por el calentamiento global que en 2005 Madrid sufriera la nevada más fuerte registrada en los últimos 50 años. Personas de mente simple admitirán con contundencia las informaciones dominantes de los nuevos estalinistas ante la falta de ideología a la que agarrarse tras la caída del muro de Berlín. Después de la famosa frase de los Del Río argumentando sobre la constitución europea con aquella célebre consideración de "si los políticos, que saben más que nosotros, dicen que es buena, pues será buena", quedó patente que en España cualquier bobo puede hacer carrera ante la capacidad crítica de nuestra ciudadanía.
Si algo ha quedado claro en toda esta historia del cambio climático es, en primer lugar, que constituye un negocio multmillonario de miles de millones de euros. En segundo lugar, que los científicos no se ponen de acuerdo acerca de la verdadera dimensión de las dañinas emisiones de CO2. En tercer lugar que han sido los ecologistas los que sistemáticamente se han opuesto a la única energía alternativa capaz de satisfacer la demanda de consumo energético mundial sin desprender emisiones de CO2: la nuclear. En cuarto lugar, que los más contaminantes con diferencia han sido los países que estuvieron en la órbita comunistas, incluido el gigante chino y que los mayores ataques al medio ambiente, contando catástrofes como la de Chernobil, vinieron de los paraísos socialistas defendidos por la izquierda a muerte hasta la caída del muro. En quinto lugar, que las emisiones de CO2 han aumentado en España desde que está Zapatero en el poder. En sexto lugar, que han quedado acreditados al menos seis errores de bulto en el documental de Al Gore. En séptimo lugar, que los paladines del apocalipsis calentorro no toleran que se cuestionen sus radicales postulados y pueda iniciarse un debate serio sin exageraciones interesadas. En octavo lugar, que lo han tomado como bandera de utilización política radical llevada adelante con la misma agresividad con que Bardem gritaba "Aznar asesino". En noveno lugar que los que proponen el sano y recomendable hábito del ahorro energético son los que no perdonarían jamás la falta de aire acondicionado en sus mansiones o despachos, que los conocemos muy bien. Y, en décimo lugar, que las empresas de Al Gore, incluidas las minasde zinc son compañías ultracontaminantes y que el propio Al Gore consume para sus necesidades y solaz personal en un sólo año unas cifras de gasto energético escalofriantes: supera en un solo mes el gasto anual de electricidad de las familias norteamericanas en todo el año.
Somos muchos los que deseamos que el debate científico se encauce verdaderamente como debate científico y no como arma arrojadiza sectaria. Estoy convencido de que las emisiones de CO2 son perjudiciales, pero también que dista un universo de suponer lo que predica Gore. Apoyo firmemente el ahorro energético y predico con el ejemplo. Prefiero poner la calefacción con temperaturas más bien bajas y el aire acondicionado con temperaturas altas. A diferencia de los que predican bajo la multimillonaria colaboración de los impuestos de los españoles, del sacrificio de nuestros pensionistas y trabajadores, que hacemos aún más rico a Gore para que nos sirva de arma arrojadiza política y sectaria en época electoral. ¡Qué asco!