¿Por qué España ha emprendido la deriva hacia una República bananera? Esencialmente, lo que distingue a una República bananera de una Democracia occidental avanzada es el manejo caprichoso de la Ley, la falta de garantías jurídicas. En España, el gobierno de Zapatero hace uso de todos los tentáculos de su poder para aplicar la Ley a su conveniencia. Así, desde la OPA a Endesa, hasta las detenciones arbitrarias de militantes de la oposición. Además, ha vulnerado la Ley para favorecer la presencia de los proetarras en las instituciones vascas y navarras. También ha presionado al Constitucional para que mire hacia otro lado en el asunto del infumable y claramente inconstitucional Estatuto catalán. Ha proseguido sus negociaciones con ETA después de que ésta rompiera la tregua con muertos de por medio, incumpliendo la autorización parlamentaria. ¿Qué ha sido de la investigación sobre el chivatazo policial a ETA para eludir la detención de su máximo responsable de las extorsiones? Duerme el sueño de los justos.
Un ejemplo claro de hasta qué punto la sociedad española, o una parte demasiado importante de ella, ha asumido la bananización progresiva de España es la escasa importancia que desde muchos médios y otros ámbitos se quiere dar a la vulneración de la Ley de banderas. Como señaló en Heraldo muy acertadamente el letrado José Luis Castro Polo, antiguo dirigente del PSOE aragonés, el problema no es tanto la Ley de banderas, como la "bandera de la Ley", es decir, que si los principales responsables institucionales de una nación dan por bueno el incumplimiento sistemático de la Ley, hemos entrado en el camino de la arbitrariedad y de la inseguridad jurídica. Claro, el PSOE tiene numerosos alcaldes y presidentes de Diputación que son los primeros en incumplir la Ley, en rechazar a España y a sus símbolos. ¿Por qué? Primero porque no puden disimular su rechazo a España. Segundo, porque han sido estimulados por un gobierno radical en el que el propio presidente se pasa la Ley por el forro de sus caprichos, como diría el García de sus buenos tiempos, cuando afirma que el concepto de España como nación es discutido y discutible. Desde luego no en la Constitución vigente. De la misma manera que Zapatero ataca sistemáticamente a la Constitución española cuando habla de que "Euskadi será lo que quieran los vascos", algo exactamente tan inconstitucional como el "ámbito de decisión vasco" de PNV y ETA. Significa lo mismo expresado de forma distinta. Pero es el propio presidente de España el que lo dice ahora.
Todo este caldo de cultivo ha supuesto hechos concretos graves:
-La vuelta a las instituciones de la ETA, con millonarios recursos públicos facilitados por esta decisión.
-Falta de seguridad jurídica que ha provocado, entre otras cosas, el retroceso imparable de la inversión extranjera (un 65% el pasado año) y alejamiento definitivo del G7, un entorno que rozábamos hace tan sólo tres años y medio.
-Ataques impunes y permanentes a España y sus símbolos.
-Ofensiva espectacular de todos los independentistas que han experimentado un crecimiento imparable.
-Desafíos permanentes a España, como el referendum de Ibarretxe.
-Ataques a la monarquía desde el ámbito de los socios del propios PSOE. ERC hasta se ha permitido pedir que el Rey deje de ser el jefe máximo de las fuerzas armadas.
-Aumento de la violencia callejera etarra.
-Aumento espectacular de la violencia callejera y de las amenazas de los radicales amigos del gobierno, especialmente de ERC, con la complacencia, sino regodeo del propio gobierno ejemplarizado en la ministra Salgado, acusando al PP de falta de convivencia cuando amenazan de muerte a sus dirigentes en lugar de solidarizarse con ellos.
-Vulneración y utilización arbitraria de la Ley por el propio gobierno.
-Alejamiento de peso internacional, hasta el punto de convertirnos en un país outsider, admirador de tiranos como Castro y Repúblicas bananeras como Bolivia o Venezuela.
Claro, el sol sale todos los días. Y para algunos de forma espectacular. ¿De verdad creen que no pasa nada en España, que algunos estamos exagerando? ¿De verdad creen que una España "serena" controla todos estos desafíos y realidades sin inmutarse?
A este guiso hay que añadirle el caldo de la crisis que llega demoledora con toda su fuerza. Pero este guiso empezó hace más de tres años y medio. Empezó en el año 2002, hace cinco, cuando representantes de este PSOE, una vez neutralizado Redondo Terreros, comenzaron las reuniones con los etarras mientras Zapatero con su sonrisa firmaba el pacto antiterrorista. Saber los contenidos de las numerosas conversaciones que mantuvieron ambas partes entre el 2002 y la fatídica fecha del 11 de marzo de 2004, con Perpignan de por medio, seguro que nos haría entender mejor muchas de las cosas que hemos visto en los últimos años.
¿No es para tanto?
En el propio PP hay sectores que actúan como cómplices de la esencia de este guiso iniciado en 2002 y coronado el 11 de marzo de 2004. "No es para tanto". ¿De verdad? Como señala Pío Moa, "muchos rehúsan ver los hechos y prefieren la retórica", pero los hechos han colocado a España en la encrucijada más grave desde la transición, hasta el punto de que la Constitución del 78 puede emprender su viaje hacia la tumba dentro de unos pocos meses en función del resultado electoral. Una victoria de Zapatero supondría, sin ningún tipo de duda, el fin del actual modelo constitucional, el fin de las reglas de juego de cualquier democracia occidental. Se retomaría todo el proceso detenido por las elecciones para culminar irremediablemente, con cuatro años por delante, en un modelo que le garantice la continuidad a costa de España, a costa de la nación española, ese concepto discutido y discutible para ZP. Cuatro años para asegurarse la permanencia, como Chávez. Los dirigentes de la oposición que se resisten a ver los hechos porque sin duda prefieren la retórica, deberían ser más conscientes de los que hay en juego en esta cita electoral y entregarse a la consecución de una victoria que pueda significar el comienzo de la vuelta atrás de la deriva antidemocrática y antiespañola. Son muchos los ciudadanos que están hasta las narices, que han llegado hasta el límite de su paciencia. También de los que se consideran de izquierdas sin plantearse muy bien porqué estar adscrito a los planteamientos que se convirtieron en el mayor fracaso del siglo XX. Por eso el partido de Rosa Diez tendrá más votos de los que muchos esperan. Sólo cabe confiar en el electorado español como último bastión. Hay que confiar con fe y convicción, sin reservas. Y ese electorado espera un mensaje claro.
Dentro del propio PP hay voces que se escandalizan ante el noto duro y claro de personas como Federico Jiménez Losantos, el gran referente de la resistencia democrática. ¿Han pensado esos quién va a generar mayor corriente de votos hacia su partido? ¿Ha pensado Gallardón qué sería de él sin la marca PP y sin la coyuntura actual que concentra todo el voto por necesidad de resistir ante el ataque decidido a la línea de flotación de nuestro sistema? El mensaje de Losantos, fuera de valorar si es más o menos simpático o más o menos agresivo, es un mensaje cierto, argumentado y, sobre todo, corroborado por los hechos, por la evolución de los acontecimientos en los últimos años. Es una ventana que nos cuenta lo que va a pasar en la película. Y acierta siempre. De ahí que los enemigos de España, de la libertad, del sistema consitucional y del PP; los amigos del trinque, de los desfases presupuestarios, del dinero público, se hayan obsesionado con silenciarlo o desacreditarlo. Que reflexionen algunos.